Esperamos Tu Pronto Regreso Señor

Llamados angustiosos del corazón agonizante de Jesús

Junio 14/2012
7:36 a.m.

Hijos amados, os espero en el Sagrario, escuela de amor divino en la que os haréis santos, escuela de amor divino en la que recibiréis sabios consejos que os llevarán a andar por caminos de rectitud y de verdad, escuela de amor divino en la que conoceréis los misterios del cielo que en este final de los tiempos se os están revelando, se os están descubriendo.

En el Sagrario, frente a mi presencia eucarística adquiriréis la fortaleza necesaria para afrontar la dura prueba, porque los dolores de parto ya han comenzado.

En el Sagrario, frente a mi presencia eucarística comprenderéis lo caduca que es vuestra vida. Recorreréis por el camino de la renuncia, de la inmolación y de la reparación porque los pecados de los hombres han rebosado de justa cólera el Corazón de mi Padre Eterno.

Mi llamado angustioso os debe mover en este día a un arrepentimiento de corazón. La crisis que se aproxima hará tambalear aún a los más fuertes, el sisma que estallará como bomba atómica en el campo de concentración o de guerra, sumergirá en confusión y caos a muchísimos de mis hijos, hijos que se desviarán de la verdad por caminar tras espejismos de filosofías llamativas y extrañas, hijos que caerán en el engaño desviándose del camino que les lleva a la salvación.

Mi llamado angustioso es para que toméis conciencia de una realidad que no podéis disimular ni mucho menos esconder.

¿Acaso os parece poco las señales del cielo? ¿Acaso os parece poco las manifestaciones que evidencian mi pronto regreso a la tierra? No juguéis con lo más sagrado, la salvación de vuestras almas, no ahoguéis mi voz en vuestros corazones, no guardéis mis llamados angustiosos en gavetas oxidadas, vividlos; quedaos con lo bueno, dadlos a conocer al mundo entero, traducidlos en varios idiomas porque mi pueblo perece por falta de conocimiento, mi pueblo camina al borde del precipicio.

Por qué temer, por qué experimentar miedo si soy un Padre de amor y misericordia. Os espero en mi tribunal divino para restituiros  la gracia que un día perdisteis por el pecado.

Junio 14/2012
9:58 a.m.

Hijos amados, escuchad mis llamados angustiosos, mi agonizante Corazón es traspasado por dardos de desamor, de nuevo soy crucificado por unos hombres obstinados en el pecado, de nuevo soy crucificado, la maldad ha enceguecido y desviado de camino a muchísimos de mis hijos. Me he quedado hasta la consumación de los siglos en todos los Sagrarios del mundo.

Venid y uníos a mi sufrimiento místico. Reparad por vuestros pecados y los pecados del mundo entero. Asistid al santo sacrificio de la Misa para que recibáis fuerzas para el duro combate, necesitáis estar lo suficientemente alimentados en el espíritu para que el enemigo no os haga daño, no os debilite en el duro caminar que os espera.

Haced cruzadas de reparación, necesito recibir consuelo de las almas. Haced cruzadas de reparación, soy el Mendigo del Amor y tengo sed de almas.

Hijos amados, estáis en el tiempo del no tiempo, estáis en el fin de los fines; convertíos de corazón haced en todo mi divina voluntad y recibiréis un premio de gloria en la vida eterna, aumentad las filas del Ejército Victorioso de los Corazones Triunfantes consagrándoos al Corazón Inmaculado de mi Madre, necesitáis recibir la marca de los hijos de Dios, de los señalados por el cielo.

Satanás muy sutilmente ha empezado a marcar a los suyos, satanás astutamente se disfrazará de ángel de luz para engañar y seducir con sus falsos milagros a muchísimos de mis hijos. Recorred junto conmigo la calle de la amargura, prestadme vuestro hombro para yo descargar sobre vosotros una parte del peso extenuante de mi cruz.

No os dejéis confundir ni sacar de la verdad, mi Evangelio, mi Palabra no puede ser cambiada. El pecado jamás lo justificaré, mis mandamientos deben ser cumplidos cabalmente para que os ganéis una de las moradas de mi reino.

Debilitad las fuerzas tenebrosas del mal, derrotad a satanás con el Santo Rosario. Visitadme frecuentemente en el santísimo sacramento del Altar y escuchad mis lamentos divinos que brotan desde lo profundo de mi agonizante Corazón en mi nuevo Getsemaní. Llevad con vosotros medallas o crucifijos de san Benito, necesitáis protección porque el demonio os ronda como león rugiente queriéndoos devorar. Amad en extremo a vuestros hermanos, perdonad a vuestros enemigos y haced muchísimas obras de caridad porque la caridad os borra multitud de pecados.

Junio 13 de 2012
3:55 p.m.

Hijos amados extiendo el manto de mi misericordia sobre un mundo pagano, mundo que ha cambiado las leyes divinas por leyes perniciosas que llevan  a la condenación.

El manto de mi misericordia se extiende sobre todo el mundo, un mundo sin Dios y sin ley. Los falsos ídolos  han tomado asiento en el corazón de muchísimos de mis hijos.

Extiendo el manto de mi misericordia sobre un mundo que camina al borde del abismo. Satanás le ha enceguecido y ensordecido a mi voz. Escuchad pueblo amado mis llamados angustiosos, las suplicas de un buen Padre que quiere lo mejor para sus hijos.

¿Qué esperáis para volver a Mí?

¿Qué esperáis para dar inicio a un proceso de conversión perfecta y transformante en vuestra vida?

¿Qué esperáis para soltar las cadenas oxidadas del pecado y sumergiros en las fuentes insondables de mi amor y de mi gracia?

Escuchad pueblo amado mis llamados angustiosos, enderezad vuestros caminos. No podéis continuar en un estado pasmoso y de parálisis espiritual cuando los signos y señales anuncian de mi segunda venida, cuando las advertencias de mi Madre están próximas a cumplirse.

Un cisma estallará inesperadamente, como cuando una bomba es lanzada en el campo de batalla. Permaneced en la verdad, no dejándoos desviar de las fuentes fidedignas de las Sagradas Escrituras, Magisterio de la Iglesia y de la Tradición.

Obedeced a la autoridad infalible del santo papa, orad por él, su cruz es demasiado pesada.

Mi amparo paternal permanecerá sobre vosotros, sed fieles a las enseñanzas que os he trasmitido. Atended a  los consejos de mi Madre, ella es puerta del cielo, que os conduce a un encuentro cercano y definitivo conmigo.

Os bendigo y derramo mi Santo Espíritu sobre vosotros para que permanezcáis en la verdad.

Junio 13 de 2012
4:05 p.m.

Hijos amados  haced  reparación por vuestros pecados, mi agonizante corazón se desangra de desamor e ingratitud por la mayoría de los hombres.

¿Por qué os cuesta tanto dejar el mundo?

¿Por qué  se os dificultad emprender un nuevo camino, camino de renuncia, de abandono y confianza plena en vuestro Amo y Señor?

Escuchad mis llamados angustiosos, no os pongáis tapones en los oídos, no os pongáis vendas en vuestros ojos, no os pongáis aldabas en vuestros corazones, no pretendáis tapar la luz del sol con vuestras manos, no pretendáis convertir la noche en día, no persistáis más en la duda, en la vacilación.

Mi máxima preocupación sois todos vosotros, por eso os envío profetas que como Juan Bautista allanen el camino para mi segunda venida.

Tarde o temprano os daréis cuenta de la veracidad de mis palabras;  tarde o temprano algunos de vosotros lamentareis el haber desechado, menospreciado los avisos del cielo; tarde o temprano, queráis o no, estaréis cara a cara conmigo en el día de mi  gran misericordia, ultima oportunidad para que rectifiquéis vuestros caminos, ultima oportunidad para que os arrepintáis de vuestras culpas y reparéis el daño causado a mi cuerpo místico.

Cómo silenciarme si el mundo yace en la impiedad, en la frialdad religiosa, como silenciarme si el mundo tiene otros intereses, como silenciarme si aún muchos de mis hijos se encuentran anclados al pecado, esclavizados al vicio.

Venid y os perdonaré, venid y os declararé libres e inocentes de toda culpa, venid y despertaré en vosotros amor  a mi cruz, deseos de padecer y sufrir como expiación de vuestros pecados y los pecados del mundo entero.

Orad por medio oriente, cada vez más se agudizará la situación en aquella parte del mundo.

Esperad gozosos mi retorno glorioso a la tierra. Leed y meditad las Sagradas Escrituras, convenceos y comprobad que no os hablo nada distinto del Libro Santo.

Vuestra luchas, vuestra batalla no ha terminado. Armaos con mi armadura divina y dad por segura vuestra victoria.

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