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El tiempo se os acaba

Revelaciones dadas a Agustín del Divino Corazón (Colombia) Mensajero de los Sagrados Corazones Unidos y Traspasados de Jesús y María

El tiempo se os acaba

María Santísima dice:
Abril 23/08 (7:15 p.m.)

Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo.
Hijitos míos, haced caso a mis advertencias porque el tiempo se os está acabando y lo peor es que no os dais cuenta porque creéis que el final de los tiempos está demasiado lejano y pensáis que cuando llegue el momento ya no estaréis en la tierra, por eso vivís vuestro compromiso Bautismal medianamente, ya que vuestros pensamientos divagan de un lado para otro como veleta en alta mar.
Aún no habéis tomado conciencia de todo lo que os he venido previniendo porque os cuesta creer, se os hace difícil pensar que me valga de la incapacidad del instrumento para alertaros en todas las cosas que están por acontecer. Aún, no habéis entendido que Dios utiliza lo pequeño, lo que no cuenta, para mostraros que es Él.
Quitad de vuestros ojos las escamas que no os dejan ver, destapad vuestros oídos para que escuchéis mi voz, abrid vuestro corazón a mi presencia, abajad vuestro orgullo y creed, doblegad vuestra inteligencia y pensad como niños sin racionalizar los Misterios Divinos.
Oídme pequeñitos míos, dejarían de ser misterios el día en que todo sea revelado a vuestros ojos, hay muchas cosas en el cielo que en la tierra jamás las comprenderéis porque vuestra carne os aprisiona, os oprime ante tanta grandeza, ante tanta majestuosidad.
Tan sólo os pido que os dejéis conducir por Mí, porque os quiero equiparar para el combate, os quiero llevar de mi mano, os quiero amparar como una Madre abriga con ternura a su niño para que se duerma; os quiero refugiar en mi Inmaculado Corazón para que no os perdáis, para que no seáis sorprendidos a cualquier hora del día por la bestia y se lleve consigo a uno de mis hijos que no quiso acercarse a Dios porque siempre mantuvo corazón de acero, corazón que rebotaba a lo espiritual por su dureza, por su aparente fuerza.
Os quiero prevenir para evitaros sufrimientos, sufrimientos terribles que os acompañarían por una eternidad sin fin.
Os quiero alimentar de mi leche maternal para que estéis sanos, os quiero proteger de días aciagos.
Os quiero rescatar para la Nueva Jerusalén.
Sed dóciles a mis manifestaciones en medio de vosotros, porque es por la Misericordia Divina que os hablo, que os alerto, que os amonesto para que no caigáis en la trampa de satanás, porque él os quiere seducir presentándose a vosotros sutilmente disfrazado con piel de cordero para engañaros.
“Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre impío, el hijo de perdición, el adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. ¿No os acordáis que ya dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el misterio de la impiedad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio del que ahora le retiene, entonces se manifestará el impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida.
La venida del impío estará señalada por el influjo de satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que los hubiera salvado. Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad” (2 Tesalonicenses 2,3-12).
Hará los mismos milagros que me Hijo Jesús hizo en la tierra, se proclamará como el mesías, como el enviado.
“Si alguno os dice: Mirad, el Cristo está aquí o allí, no lo creáis. Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos. Mirad que os lo he predicho.
Así que si se os dice: Mirad, está en el desierto, no salgáis; mirad, está en lo interior de las casas, no lo creáis. Porque como el relámpago sale por oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre. Donde está el cadáver, allí se juntarán los buitres” (Mateo 24, 23-28).
Hijitos el día en que esté en medio de vosotros rehuidle a su mirada porque os eclipsará, tapad vuestros oídos a su voz, no sea que os seduzca y os haga siervos de satanás.
Impedid a toda costa, aún, con vuestra propia vida que seáis marcados con el sello de la bestia, porque días vendrán en que teniendo dinero no podréis comprar nada porque no estáis marcados.
No os preocupéis porque entre mis mismos elegidos intercambiaréis alimentos y cosas para que a través del trueque supláis vuestras necesidades. No os moriréis de hambre porque el cielo os alimentará con un maná especial como en los tiempos del antiguo testamento.
Estad atentos hijitos míos y discernid las Sagradas Escrituras porque “hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la bestia o con la cifra de su nombre.
¡Aquí se requiere sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la bestia; pues se trata de la cifra de un hombre. Su cifra es 666”(Apocalipsis 13,16-18).
Sed fieles a mi Hijo Jesús, sufrid dulcemente por Él que os recompensará, no os apartéis de la Verdadera Iglesia aunque aparentemente esté destruida, en ruinas. La falsa iglesia será aniquilada porque el imperio del anticristo será relativamente corto. “Entonces vi el cielo abierto, y había un caballo blanco; el que lo monta se llama Fiel y Veraz; y juzga y combate con justicia. Sus ojos, llama de fuego; sobre su cabeza muchas diademas; lleva escrito un nombre que sólo él conoce; viste un manto empapado en sangre y su nombre es: Palabra de Dios. Los ejércitos del cielo, vestidos de lino blanco y puro, le seguían sobre caballos blancos. De su boca sale una espada afilada para herir con ella los paganos; él los regirá con cetro de hierro; él pisa el lagar del vino de la furiosa cólera de Dios Todopoderoso.
Lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de Señores. Luego vi un Ángel de pie sobre el sol que gritaba con fuerte voz a todas las aves que volaban por lo alto del cielo: Venid, reuníos para el gran banquete de Dios, para que comáis carne de reyes, carne de tribunos y carne de valientes, carne de caballos y de sus jinetes, y carne de toda clase de gente, libres y esclavos, pequeños y grandes.
Vi entonces a la bestia y a los reyes de la tierra con sus ejércitos, reunidos para entablar combate contra el que iba montado en el caballo y contra su ejército. Pero la bestia fue capturada, y con ella el falso profeta el que había realizado al servicio de la bestia las señales con que seducía a los que habían aceptado la marca de la bestia y a los que adoraban su imagen (los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego que arde con azufre). Los demás fueron exterminados por la espada que sale de la boca del que monta el caballo, y todas las aves se hartaron de sus carnes” (Apocalipsis 19,11-21).
Pequeñitos de mi corazón conservad la sana doctrina, que vuestra fe no tambaleé ante los vientos huracanados que están por venir. “En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros.
Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre, y esta es la promesa que él mismo os hizo: la vida eterna.
Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe.
Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas -y es verdadera y no mentirosa- según os enseñó, permaneced en él.
Para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida.
Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él” (1 Juan 2,24-29).
Conservad la calma confiando en el Triunfo de mi Inmaculado Corazón y en el Reinado del Sagrado Corazón. No tengáis miedo que con mi talón aplastaré la cabeza de la serpiente.
Os amo y os bendigo. …+ + +

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